Entre el cauce del Río Papaloapan (a 90 kilómetros del Puerto de Veracruz), yace brillante su perla más grande, hablamos de Tlacotalpan, cuyas casas de grandes portales, techos de tejas rojas curveadas, amplios pórticos y cálidos colores iluminando sus paredes son una reminiscencia de la tradición vernácula del Caribe.

Fundado por españoles en el siglo XVI para desarrollar actividades ganaderas, pero sobre todo como una aldea de pescadores, es un destino sin igual donde su caluroso clima lo hace ideal para largas caminatas románticas mientras ves atardeceres desde su malecón o bien, dejarte envolver por las edificaciones llenas de historia.

Lo que no te puedes perder en Tlacotalpan
Su centro histórico fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1998 debido a la singular belleza de la arquitectura de sus edificios, mezclando armoniosamente los estilos caribeños y españoles; pero sobre todo porque resguarda en perfectas condiciones las instalaciones de una fábrica de finales del siglo XVIII.

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Y sus platillos son otra singularidad de la región, un abanico para presumir sus frutos marinos: empanadas de jaiba, caldo de pescado, arroz a la tumbada o róbalo relleno de mariscos. ¿No te gustan los mariscos? También tienes de donde escoger entre las tortitas de tismiche o los tradicionales tamales de cazuela.

De las mejores épocas para visitar “La Perla del Papaloapan” es durante la Fiesta de la Candelaria, y cuya celebración se realiza desde hace más de un siglo inunda las calles de coloridas flores que perfuman el ambiente desde el último día de enero hasta el 9 de febrero.

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