Ciudad de México a 23 de noviembre del 2021.- Puedo apostarte que en muchas ocasiones has dado por sentado que conoces perfectamente la historia y las maravillas que existen dentro de los lugares más emblemáticos de nuestra ciudad, y quizá, eso te ha llevado a descartar la posibilidad de ir a disfrutar de ellos y dejar que te sorprendan. El Monumento a la Revolución debe ser, sin dudar, uno de los sitios que no debes dejar de visitar dentro la Ciudad de México.

El monumento además de deleitarte con una magnífica historia, te permite adentrarte en sus entrañas y conocer cada rincón de él. La visita al Monumento a la Revolución te da la oportunidad de recorrer sus cimientos y apreciar su estructura de acero.

¿Qué estás esperando para disfrutar de la increíble vista que sus tres miradores te ofrecen?

El Monumento cuenta con un elevador panorámico que te lleva a la cúpula de este mientras disfrutas de la vista de toda la Plaza de la República. Al llegar a la cúpula, la rodeas y puedes apreciar decenas de rifles cristalinos iluminados. Al descender, llegarás al primer mirador que cuenta con pequeños telescopios que te permitirán apreciar a detalle la vista a la Ciudad de México.

El segundo mirador es el 360º, en donde se encuentra la cafetería Emile, un concepto “afrancesado”, que te deleitará con sus deliciosas crepas, cafés, tisanas y coctelería sin alcohol que podrás disfrutar sentadx en alguna mesita ubicada al rededor de todo el mirador. Desde este punto del monumento, se logra apreciar diferentes edificios importantes de la ciudad como el museo del chopo, fórum Buenavista, los tres edificios más grandes de la ciudad, el reloj chino, Tlatelolco, una pequeña parte de la torre latino, entre otros.

Por último pero no menos impactante, tienes la oportunidad de llegar a la parte más alta del Monumento: La Linternilla. Ubicada a 65 m de altura que, para llegar a ella, debes de subir 132 escalones en forma de espiral. Como dato curioso, está linternilla en su origen tenía la intención de ser una especie de faro en la ciudad para guiar a los aviones y ser medio de referencia para toda la gente.

Al descender encontrarás el café ‘La Adelita’, una excelente opción si quieres disfrutar de bebidas y antojos muy mexicanos. Pará terminar tu visita, podrás visitar Tienda Diseño, que cuenta con artículos originales alusivos al monumento.

Te recomiendo ampliamente tomar el recorrido guiado, ya que será un factor que te ayudará tener un amplio entendimiento y disfrutarás más el recorrido. El personal es sumamente amable y tiene la facilidad para envolverte en la historia de este monumento.

Un poco de la magnífica historia del Monumento a la Revolución

Esta emblemática construcción tiene una historia espectacular, más grande de la que en algún momento pudiste imaginar. La idea inicial fue planteada por Porfirio Díaz desde 1876, él anhelaba construir un Palacio Legislativo Federal, el cual iba a contener todos poderes que conocemos actualmente (La Cámara de Diputados, Senadores, así como un departamento de imprenta y una estación de bomberos) y en comparativa con el Vaticano y Washington D.C. iba a ser más grande y costoso.

Fue hasta el año 1900, que comenzó la excavación de todo el terreno. Sin embargo, en este lapso ocurrieron diversas adversidades que retrasaban todo, fue hasta 1904 que Émile Bénard (arquitecto francés) toma el proyecto y en 1905 llega a México para comenzar con la construcción. Posteriormente, como es bien conocido, en 1910 estalla la Revolución Mexicana y una parte del presupuesto que era para el Palacio es destinado a la guerra. Un año después, Díaz renuncia al poder y se va extraditado a Francia y es hasta 1912 que se cancela por completo la construcción del Palacio Legislativo Federal.

La construcción fue abandonada durante 20 años, fue hasta 1929 que Bénard nuevamente manda una propuesta desde Francia al presidente Álvaro Obregón de convertir el inacabado proyecto en un panteón de los héroes revolucionarios. Lastimosamente para él, al poco tiempo matan a Obregón y posteriormente fallece él también. En 1932, el arquitecto mexicano Carlos Obregón Santacilia, quien vivía en la colonia Tabacalera, se encarga de retomar y reinterpretar el proyecto y darle un significado a la sangre derramada durante la Revolución Mexicana. En los cuatro mausoleos se determinó que estarían las criptas de 5 personajes importantes de la revolución (Francisco Villa, Francisco I Madero, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas del Río y Venustiano Carranza). Con esta resignificación Oliverio Martínez se encargó de hacer 4 esculturas distintas representando a las Leyes de reforma, Leyes agrarias, Leyes obreras y los Héroes Nacionales de México.

En 1938 se inauguró el Monumento como un espacio turístico. Fue así hasta el año 1970, al trasladar los restos de Venustiano Carranza cerraron el machote donde se encontraba su cripta y con él los elevadores, razón por la cual el monumento cayó en decadencia, pues a los visitantes no les agradaba la idea de subir 32 metros de altura a pie. Al no tener ingreso de personas el monumento fue abandonado durante cuatro décadas, lo que conllevó a que el monumento se deteriorara.

Fue hasta el año 2010, en el cual se conmemoraró el centenario de la Revolución, que como proyecto de celebración deciden hacer la recuperación y rescaté del Monumento y la Plaza de la República. Fue entonces cuando se decide adaptar un nuevo elevador panorámico y en la plaza colocar ráfagas de agua que representan el centenario de la revolución. Desde entonces el monumento no ha vuelto a ser abandonado y recibe a miles de visitantes.

Costos
La entrada te da acceso al Paseo Cimentación + Elevador Panorámico + Mirador 360° + Linternilla. Esta tiene un costo de $120 general, y $100 para menores de 13 años, estudiantes, maestros e INAPAM.

El acceso a personas con discapacidad es gratuito.

Horarios: Lunes a jueves 12 a 20 hrs. (límite de acceso 19:30) Viernes y sábados 12 a 21 hrs. (límite de acceso 20:30) Domingo: 11 a 20 hrs. (límite de acceso 19:30)

El límite de acceso es de media hora antes del cierre para que disfrutes tu visita.

Texto y fotografía: Emiret Silvino / Maya Comunicación

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