En marcha, investigación científica para el rescate del Río Magdalena

CDMX a 18 de noviembre de 2020.- Con un enfoque que privilegia la acción colectiva, en el río Magdalena se realiza un estudio científico aplicado con el que se busca ofrecer un manejo adecuado de este socioecosistema, que constituye un activo ambiental de importancia para la Ciudad de México porque es una de sus fuentes abastecedoras de agua y un área de mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero.

El trabajo que encabeza la doctora Lucía Almeida Leñero, de la Facultad de Ciencias de la UNAM, elaborará y propondrá una estrategia de gestión integral y de política pública basada en experiencias y estudios que integren los valores ambientales con los culturales a partir del involucramiento de los actores sociales implicados en la zona, como la sociedad civil, el gobierno y la academia.

Es importante recordar que la mayor parte del agua de la cuenca (80.65 por ciento) escurre en las capas subsuperficiales del suelo y sólo 19.35 por ciento lo hace de manera superficial, porcentaje en el que se incluye el dos por ciento que provee el Magdalena. A pesar de estos aportes, nuestra urbe continúa experimentando un fuerte desabasto y riesgos de inundación a lo largo del año.

Ante este panorama y con la experiencia de Almeida Leñero en una década de investigación, la bióloga propuso una investigación teórica aplicada con una orientación de cuenca, como un socio-ecosistema visto de manera transdisciplinaria, conceptos hasta ahora poco utilizados, que ayudarán a estudiar no solo la parte biofísica, sino también la social.

Con este interés se planteó la necesidad de desarrollar un sistema integral de gestión que permita la conservación del área y que ayude a mejorar la distribución del agua dentro de la ciudad, lo que a su vez hace necesario comprender las complejas interrelaciones y dependencias entre los componentes biofísicos, socioeconómicos e institucionales, factores fundamentales en el funcionamiento de una ciudad.

Es por esta compleja dinámica en la gestión de los recursos hídricos de la CDMX, que la investigadora está convencida que se requiere de la participación de diversos sectores de la sociedad, la academia, las organizaciones civiles y los tres órdenes de gobierno para el establecimiento de políticas públicas integrales, así como la inclusión de aspectos tanto de infraestructura, de nuevas tecnologías, cultura ambiental, con un enfoque de cuenca y de ecosistemas ribereños.

El río Magdalena es un área de gran importancia por los servicios ambientales que ofrece, pero también, “porque es un ícono de la ciudad, simplemente por ser todavía un afluente funcional, sobre todo en la parte alta (Cieneguillas al cuarto dinamo) y en la parte media (tercer, segundo dinamo hasta La Cañada), pues sirve de aporte a parte de la alcaldía Magdalena Contreras, principalmente a la zona de San Jerónimo”, destacó la doctora Lucía Almeida.

Además, es uno de los bosques mejor conservados en la Ciudad de México al contar con un nivel de preservación muy aceptable con una flora y fauna representativa de la cuenca de México, a lo que se suma ser un espacio de recreación importante para la población de esta urbe. La cuenca del río, que forma parte del Suelo de Conservación de la CDMX, constituye una de las zonas con mayor precipitación de la ciudad; sus ecosistemas regulan los flujos de agua en la época de lluvias, pues permiten la recarga del acuífero.

Por ello, su importancia radica en la capacidad que tiene para reducir la vulnerabilidad de la ciudad a perder los servicios ambientales hidrológicos (SAH), mantener la provisión de agua, y mitigar los gases de efecto invernadero al capturar y almacenar carbono.

Con el proyecto “Estrategia para la gestión integral de cuencas en la Ciudad de México mediante la valoración socio-económica de servicios ambientales hidrológicos y su distribución espacial: Estudio de caso Cuenca del Río Magdalena”, que se realiza con recursos de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México, se busca diseñar estos mecanismos que aseguren un mejor manejo de los servicios ecosistémicos, con participación plena de los actores sociales involucrados.

La especialista de la UNAM explicó esta situación al señalar que “en lo que respecta al río, no se trata solamente de que corra el agua y se mantenga limpia, sino que en incide un problema social: ¿por qué la gente tira basura al río?, ¿por qué las personas que viven cerca desechan ahí sus aguas negras?, ¿por qué es necesario que el bosque se mantenga en condiciones adecuadas?; entonces no solo cuidar que el agua esté limpia y destinar colectores, sino ver las razones por las que estas prácticas continúan con su reproducción.

Reflejo de estas prácticas, es que en la parte alta la calidad del agua es nivel adecuado, en la parte media es regular y en la parte baja (zona urbana) está totalmente contaminada. Ante ello se busca mantener y mejorar la circulación del cauce a través del empleo de herramientas que incluyen una propuesta de cultura y educación ambiental para manejar los SAH y el ecosistema de ribera. Para ello y como parte de la metodología del estudio, se implementaron los monitoreos participativos para que al igual que los monitoreos tradicionales, identifiquen cambios significativos a largo plazo con mediciones cuantitativas y/o cualitativas y el análisis periódico de datos específicos en el ecosistema. Es algo que permite que las comunidades locales se involucren en la toma de decisiones con base en el conocimiento.

Para este caso, en el monitoreo participativo intervino un grupo de comuneros y de estudiantes de distintas instituciones de educación superior —a través del programa Empleo Verde de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo—, a lo largo de 12 semanas para identificar sitios de conservación y/o deteriorados, desde la parte alta hasta la zona urbana que servirá para realizar un mapeo participativo del área. Esta actividad sirvió igualmente para capacitar a las personas de la comunidad.

Así, en el futuro ellas mismas podrán realizar el muestreo para determinar los espacios a conservar o a intervenir, sea por actividades antropogénicas, presencia de ganado o deforestación.

De los conceptos que toman relevancia dentro de la investigación, figura el de las valoraciones socioeconómicas, porque que hacen referencia a la percepción que tiene la población sobre los servicios ambientales del lugar.

“A través de encuestas a diversos grupos dependiendo de sus actividades, se conocerá qué tanto la gente aprecia el sitio y qué valor le puede dar a esa apropiación”, sostuvo la investigadora.

Al final, se tendrá una estrategia de manejo del territorio a partir de la definición de política pública, donde gran parte del éxito de su formulación y funcionalidad será la participación social, y con ello, se podrían alcanzar impactos de tipo social, económico y ambiental.

Almeida Leñero apuntó que al concluir el análisis se propondrán acciones para la mejora de la cuenca, y que gobierno, comuneros, comerciantes, gente que vive cerca de la ribera en la zona baja, principalmente, y visitantes adopten conductas y las mantengan en el tiempo para preservar el río, el bosque y la zona de recreación.

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