Uno de los temas contemporáneos que se repiensan en la actualidad es la construcción de género en la infancia. No obstante que cada día las categorías de lo que se considera femenino o masculino se amplían, muchas veces prevalece una construcción rígida, a modo: los niños juegan fútbol y las niñas a las muñecas.

 

La compañía de teatro El Arce se interna en esta temática a través de la obra Yaya quiere jugar fútbol, un texto escrito por Camila Villegas que aborda –desde el pretexto de la rivalidad fraternal– la construcción de género, a partir de una historia cotidiana.

 

Yaya, una niña en formación, por fin consigue su sueño de entrar al equipo de fútbol en el que juega Pipo, su hermano mayor. Ella está feliz, pero él –a quien le gusta más la papiroflexia– desconfía de las habilidades de su hermana. Por ello, entabla una guerra en contra de su hermana porque, además, el padre de ambos, fuerte aficionado al “juego del hombre”, comienza a tener preferencia por Yaya y sus hazañas en la cancha.

 

Bajo la dirección escénica de Isael Almanza y con la música en vivo de David Almaga, Yaya quiere jugar fútboldirigida a niñas, niños, jóvenes y padres de familia, ofrecerá una temporada del 13 de noviembre al 5 de diciembre, los sábado y domingo a las 13:00 horas, en el Teatro Benito Juárez.

 

Asegura la autora Camila Villegas que se trata de una obra enfocada en las relaciones filiales, la competencia y los roles de género, que busca propiciar, tanto en niños y niñas como en los padres, el respeto y aprecio hacia lo diferente a lo establecido. En ese sentido –agrega– buscamos dar un espacio en el que se problematicen estas categorizaciones poco flexibles, a través de Yaya, una niña “muy masculina”, y Pipo, un niño “muy femenino”.

 

Cuenta la autora que Yaya consigue su sueño de entrar al equipo, pero el niño siente que el éxito de ella va en detrimento de la relación padre e hijo. Por eso, la pequeña, a pesar de ser la goleadora estrella de Los Gansos Salvajes, abandona el equipo en vísperas de la final del campeonato, pues ama el fútbol, pero más a su hermano.

 

La inclusión de una historia de piratas y de un enorme kraken, ayudará a Pipo a entender la importancia de compartir y reconocer las habilidades del otro y la trayectoria de los personajes hacia la aceptación propia y mutua invita a la posibilidad de una construcción de género más flexible e incluyente. Por fin, Pipo reflexiona y comprende que, por muy diferentes que sean, los dos hermanos son parte del mismo equipo y solo jugando juntos podrán ganar la final.

 

“Así, de manera sencilla, lúdica y amena –advierte la dramaturga– queremos problematizar las líneas que duramente la sociedad, la mercadotecnia y la cultura establecen en la infancia respecto al género y que esto desemboca en códigos de vestimenta, restricciones de actividad y, a largo plazo, en una falta de oportunidades en ambos sentidos”.

 

Por un lado –dice– para los niños representa una sobre-exigencia respecto a la competencia y la naturalización de la violencia, la cancelación del lenguaje y el universo de la socialización afectiva; y para las niñas implica un futuro enfocado principalmente a la maternidad, al matrimonio. Y para ambos representa una serie de exigencias respecto a sus cuerpos y modos de actuar en función de la aceptación.

 

“Vivimos en un país marcado por una fuerte ola de violencia machista, y como artistas, como colectivo, creemos que una forma de contribuir a la recuperación del tejido social es trabajar estos temas en la infancia, ya que de una manera lúdica y amorosa es posible acercarse a dos públicos muy diferentes: los niños y niñas y sus familias (padres, madres, tíos y abuelas).

 

“La obra es una apuesta a pensar en la importancia de solucionar los conflictos en la familia, el perdón y el respeto. En el marco del tema de género que es absolutamente vigente en nuestro país, el perdón, el respeto y la resolución sana de los conflictos abonan a erradicar la discriminación y a romper paradigmas anacrónicos sobre la expresión del género”, considera la escritora.

 

Participan los actores Verónica Ramos, Fernando Sánchez y David Almaga. La escenografía, vestuario e iluminación es de Mauricio Ascencio y la realización de Natalia Rojas y Daniel Toledo.

 

Yaya quiere jugar fútbol se escenificará del 13 de noviembre al 5 de diciembre, los sábado y domingo a las 13:00 horas, en el Teatro Benito Juárez (Villalongín 15, colonia Cuauhtémoc, Metrobús Reforma), con las disposiciones del semáforo epidemiológico vigente: uso permanente de cubre-bocas, gel anti-bacterial y registro de código QR por parte tanto del personal del teatro como de los espectadores.

 

Entrada general $168. Aforo al 75% de la capacidad de público del Teatro. Los boletos se pueden adquirir en la taquilla del teatro y en las plataformas digitales de Ticketmaster.

 

Para conocer la programación de la Dirección del Sistema de Teatros de la Ciudad de México, visite la página: www.teatros.cultura.cdmx.gob.mx o la aplicación TeatrosCDMX, disponible en los sistemas operativos Android e IOS y en las redes sociales: Facebook @TeatrosCdMexico, Twitter @TeatrosCdMexico e Instagram @teatroscdmexico.

 

 Siga a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México a través de su página oficial (https://cultura.cdmx.gob.mx/), sus redes sociales (FacebookTwitterInstagram YouTube) y en la plataforma digital Capital Cultural en Nuestra Casa.

 

—o0o—

 


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *