No me voy a confrontar con el presidente

No me voy a confrontar con el presidente

La Crolumna/Javier Macías García
No me voy a confrontar con el presidente
“♫La distancia entre los dos es cada día más grande…♫” Sin embargo, Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Monreal Ávila mantienen cierto respeto. Cuando pretenden “amarrarles navajas”, el mandatario no lo ataca, omite su nombre y generaliza: “todo mundo puede expresarse, somos libres”. El senador, por su parte, ataja: “yo no me voy a confrontar con el presidente…”
En política no existen casualidades. Pero es curioso que el mandatario no difunda sus desayunos en compañía, como solía hacerlo cuando lo visitaba, en Palacio Nacional, el presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado. Ni siquiera con los “destapados”: Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard o Adán Augusto López.
Sí hay fotografías o videos con ellos, pero en eventos o en el despacho presidencial; nunca acompañados con tamales de chipilín, chilaquiles, tlacoyos o coyotas, café y jugos de frutas. Es probable que no tenga esa deferencia, como la tenía con el senador.
Quedaron atrás los desayunos del 3 de abril y del 1 de octubre de 2019, así como los del 12 de noviembre y del 7 y 11 de diciembre del 2020, en las que revisaron la agenda legislativa. Este alejamiento, inició luego de las elecciones intermedias del 2021, en las que Morena perdió la mayoría de las alcaldías de la Ciudad de México.
Decía Porfirio Muñoz Ledo que las ausencias se notan más que las presencias. Y tenía razón. Podrían preguntar: ¿Quiénes estuvieron y quiénes no, en la concentración del Zócalo, en diciembre pasado, en el informe presidencial, y en la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles? Omitirían muchísimos nombres. No obstante, la mayoría recordaría que el ausente fue Ricardo Monreal.
El presidente López Obrador cambió de interlocutor. Ahora, recurre al diputado Ignacio Mier, para acordar la agenda y exponer las iniciativas que enviará, pese a que éste ha dado muestras de su inexperiencia parlamentaria.
El caso más reciente fue la Ley Minera, donde los opositores abandonaron el Pleno durante la discusión y se abstuvieron de emitir su voto; fue aprobada por Morena y aliados. En el Senado, en cambio, PAN, PRI, PRD y MC participaron en el debate, hicieron propuestas (que no fueron aceptadas, por supuesto) y fue aprobada con 87 votos a favor (incluidos los de MC), 20 en contra y sólo 16 abstenciones.
Aún en la lejanía con el presidente, el senador Monreal mantiene la institucionalidad. Acude, cuando es requerido, a la Secretaría de Gobernación. Y recibe a Adán Augusto López las veces que sea necesario para analizar la agenda legislativa. Ahora, en lugar de los suculentos platillos mexicanos, posa con el funcionario en algunos escenarios del recinto; el más recurrido, frente a la pintura en memoria de Belisario Domínguez.
“♫Sin embargo, el corazón no quiere resignarse a escuchar el triste adiós, que sea tu retirada♫”
Cuando López Obrador se refirió a las encuestas como el mejor método de elección de candidatos, Monreal dijo: “No confío en las encuestas, porque he sido víctima de ellas, cuando no hay transparencia ni método, incluso en quien las hace, no confío. Para mí, la encuesta es un método desgastado, desconfiable. Respeto lo que dice el presidente de la República; no voy a confrontarme con él, ni con la historia. El presidente es historia”.
Al día siguiente, en la mañanera una reportera tergiversó las declaraciones del senador; palabras más o palabra menos dijo: “Monreal comentó que deja el partido si no hay un cambio de reglas”.
“No, no creo que lo haya dicho o si lo dijo no lo doy por bueno”, zanjó el presidente.
Cuando el mandatario criticó a la UNAM, el senador dijo que siempre estará de lado de esta institución y agregó que en términos generales conoce maestros y catedráticos excepcionales, y alumnas y alumnos brillantes, con alto sentido social. “Así es que no me voy a confrontar nunca con el Presidente; es una opinión que respeto, respeto mucho, pero yo soy formado en la UNAM y siempre me pondré del lado de la UNAM”.
Señor presidente que dice Monreal que es un error adelantar la sucesión presidencial. Como respuesta, el reportero obtuvo: “No llegamos aquí a simular, no es más de lo mismo. No engañamos a nadie porque si revisan lo que he dicho por años, lo que he escrito, es lo que estamos haciendo. Aquí no hay medias tintas, luchamos por principios, no por cargos, no somos ambiciosos vulgares”.
“Voy a estar en la boleta. Espero estar con Morena y con el presidente López Obrador […] soy un aspirante normal no un ambicioso vulgar, me he preparado para esto muchos años», dijo Monreal. Él no cree que Sheinbaum sea la candidata oficial, aunque reconoció que el mandatario le tiene una deferencia especial.
Para el presidente López Obrador no hay “tapados” y él se ha nombrado el “destapador”. Su “corcholata favorita” será la opción que elijan los mexicanos. Ha nombrado, en reiteradas ocasiones, a Claudia Sheinbaum y a Marcelo Ebrard.
Recién, en Palacio Nacional, provocó gritos de “¡Presidente… presidente!”, que no fueron para él, sino para Adán Augusto López. Dijo: “y, a ver, vamos a poner a consideración, vamos a hacer una especie de encuesta, de consulta, rápida, breve. ¿Verdad —díganme si sí o no— verdad que tenemos un buen secretario de Gobernación?” A coro, los legisladores respondieron “¡sí!”, mientras que, al fondo, algunas voces coreaban: “¡Presidente… presidente!”.
“Hace casi un cuarto de siglo inicié una larga travesía de lucha política con Andrés Manuel López Obrador para transformar las instituciones de la nación. Fue la mejor decisión; nunca confrontaré al presidente ni me alejaré de mis ideales por un mejor país. ¡Viva México!”, escribió, alguna vez el senador en su cuenta de Twitter, pero ha sido su narrativa cuando lo quieren confrontar con el mandatario.

Columnas