Milpa Alta, el lugar donde hasta las piedras eran zapatistas

Milpa Alta, el lugar donde hasta las piedras eran zapatistas

El Museo Cuartel Zapatista es un ejemplo ideal para vivificar la revolución mexicana desde la visión de un zapatista.

La revolución mexicana dejó consigo un sin número de escenarios históricos para la ciudad que nos recuerdan la incansable lucha por el México constitucional del que ahora somos parte. Uno de ellos y quizás de los más importantes fue un sitio enclavado en Milpa Alta, al sur de la ciudad; un pueblo que formó parte de la ruta que condució Emiliano Zapata y aliados por México.

Se trata de San Pablo Oztotepec, lugar que hoy funge como umbral al heroico sueño revolucionario.

Abrió sus puertas en 1998 en un inmueble que en los albores de la Revolución mexicana sirvió como cuartel de la tropa zapatista. La restauración y la adecuación museográfica estuvieron a cargo de la propia comunidad y de las autoridades locales, con el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Resguarda y exhibe documentos originales, armas de fuego, instrumentos de labranza y utensilios de uso cotidiano de la época, así como una serie de fotografías del archivo Casasola y otras relacionadas con el Plan de Ayala de 1914.

La construcción, con techos de dos aguas, portales y aljibe, perteneció en el siglo XIX a Brígido Molina, cacique del pueblo. Después de años de abandono, se restauró en 1997 y la comunidad creó el Museo del Cuartel Zapatista, que administra un consejo ciudadano.

La institución es pequeña, pero exhibe facsímiles del original manuscrito del Plan de Ayala, que consta de 15 artículos, y de su acta de ratificación -tomados del Archivo General de la Nación-; cartas que fueron emitidas desde el cuartel con temas diversos y varias fotos de Zapata, de sus tropas y de la Revolución en general -archivo Casasola-, así como del cuartel zapatista cuando estaba abandonado y de la iglesia.

Una placa en la entrada del museo recuerda el paso del subcomandante Marcos y la delegación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en su caravana por varios estados y el Distrito Federal. Fue el 9 de marzo del 2001 cuando Marcos dirigió unas palabras a la concurrencia desde el portal exterior del cuartel.

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