Mancera el ocioso

José García Sánchez

CDMX a 30 de Abril de 2019.- En la administración pública las tareas se multiplican. Cada día surgen más anomalías, producto del trabajo de los anteriores funcionarios públicos, cuyas tareas se dividían en dos, su amor por el ocio y por la corrupción.

Mientras más se adentran los actuales funcionaros públicos encuentran que esas dos vertientes de los anteriores ocupantes de las oficinas de gobierno son mayores. De tal suerte que por un lado deben investigar acerca de las trampas a la honestidad y por el otro trabajar doble para compensar lo que no trabajaron los anteriores.

Porque era muy común que los funcionarios públicos trabajaran de acuerdo a nivel, mientras mayor era su rango menos trabajaban. En una operación creada por los regímenes priístas que lejos de cuestionarla otros partidos, corrigieron y aumentaron esta práctica, hasta llegar al extremos de trabajar a partir de mediodía un par de horas salir a comer y no regresar a la oficina. La actividad principal en los restaurantes y cantinas de lujo consistía en realizar negocios personales que aseguraran su situación económica por generaciones.

Los anteriores funcionarios públicos hacían todo menos trabajar, creando un rezago laboral sin precedente, de ahí que surja la necesidad de convocar a los mandos medios y altos de la burocracia a trabajar para resolver sus retrasos, acumulación de trabajo que dejaron en todos los niveles de gobierno, incluyendo el gobierno de la Ciudad de México, donde estuvo asentado nada menos que el líder de los senadores del PRD, que sólo son cinco, pero eso no es lo peor sino su postura respecto a que la burocracia media y alta deje de ser improductiva y se ponga a trabajar los sábados incluso.

El ex jefe de la Ciudad de México, que intentó ser candidato a la Presidencia de la República pero ningún partido le vio posibilidades de ganar, ahora asegura que en lugar de que se trabaje también los sábados debe descansarse desde los viernes. Es decir, señala que su gobierno impulsó no trabajar los viernes y presentarse hasta el lunes, cuando la Ciudad de México tiene tantos rezagos en todos los rubros de la responsabilidad.

Cuando se asume la tarea de pertenecer a la burocracia también se adquiere el compromiso de solucionar problemas, de tal suerte que trabajar un día o dos más no son un sacrificio y menos aún una carga sino una satisfacción creciente. La falta de vocación que caracterizó por muchos años la administración pública federal y capitalina arroja como resultados la inseguridad, que no nació hace cinco meses, los secuestros que empezaron a aumentar precisamente cuando Mancera llegó al gobierno, probablemente por su falta de apego al trabajo. Por ello ven en cada minuto de su permanencia en las oficinas horas de asentadera.

En realidad son muchos los rubros en los que la capital del país dejó de funcionar, no hacía nada en muchas oficinas, de ahí que ahora deban redoblar esfuerzos que redundan en más horas de trabajo. No es necesario que haya consenso entre los legisladores para trabajar los sábados, es una reacción que debe ser espontánea y estará de acuerdo con el grado de responsabilidad y compromiso del funcionario público.

La adicción al ocio de Mancera forma parte de la política de los perredistas que ahora ven en su extinción la consecuencia de la holgazanería administrativa. La afición por descalificar cualquier idea de la actual administración resalta más la forma de gobernar del pasado, donde personajes como Mancera no sólo hicieron el ridículo sino que se encaminan al final de su carrera política.

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