AMLO frente a Ayotzinapa

Ciudad de México a 24 de Marzo de 2017.- El debate político de la semana se concentró en una expresión de Andrés Manuel López Obrador. Columnistas, conductores de noticiarios y tuiteros enardecidos dividieron sus opiniones acerca de la respuesta que el dirigente de Morena le dio al padre de uno de los jóvenes de Ayotzinapa.

“¡Cállate!”, habría replicado López Obrador al insistente Antonio Tizapa después de un encuentro del precandidato presidencial con migrantes mexicanos en Nueva York, según versiones publicadas el martes 14 de marzo. Pareció una expresión verosímil en vista del talante que se le conoce al dirigente de Morena. Sin embargo, una revisión más cuidadosa del video que lo muestra saliendo de la reunión, a bordo de una camioneta a la cual se acerca Tizapa, permitió confirmar que López dijo, en dos ocasiones, “que te vaya bien”.

Antes de eso, el líder de Morena varias veces llamó “provocador” a Tizapa, que es padre de uno de los jóvenes de Ayotzinapa asesinados hace dos años y medio. Los despectivos manotazos que muestra delante de él no dejan lugar a dudas sobre el disgusto de López Obrador a causa de esos reclamos.

Tiene escasa relevancia si López Obrador quiso callar, o simplemente despedir, a ese incómodo ciudadano. Lo que preocupa realmente es lo que sí dijo, con toda claridad, en respuesta a los reproches de Tizapa. El padre del normalista le recordó a López sus vínculos con José Luis Abarca, el ex presidente municipal de Iguala que está encarcelado acusado de haber ordenado la desaparición de los normalistas, y con Ángel Aguirre, que era gobernador de Guerrero.

La respuesta de López Obrador en medio del griterío fue “¡le tienen que reclamar al Ejército y a Peña, no a mí!”. Al día siguiente reiteró en Washington: “el reclamo tiene que ser a Peña Nieto, a las Fuerzas Armadas, a quienes intervinieron en ese crimen, no a nosotros”.

La desaparición de los normalistas de Ayotzinapa reveló insuficiencias y tardanzas en la respuesta del gobierno. Al día del secuestro de esos jóvenes el Ejército no intervino, o no lo hizo de manera suficiente. Pero atribuir esos crímenes al gobierno federal y a las Fuerzas Armadas es un abuso y una mentira de Andrés Manuel López Obrador.

Aunque han recibido cuestionamientos, sobre todo por parte de quienes hubieran querido que se demostrara alguna culpabilidad de autoridades federales, las investigaciones sobre los hechos de septiembre de 2014 en Iguala han sido muy detalladas y publicitadas. López Obrador las conoce, igual que todos los ciudadanos interesados en ese vergonzoso y triste episodio. La responsabilidad y la rivalidad de grupos de narcotraficantes, vinculados con autoridades locales, ha sido ampliamente documentada.

Sin embargo, López Obrador no dice una palabra acerca de esos grupos criminales. No menciona al narcotráfico. No dice nada del presidente municipal ni de la colusión con delincuentes de los policías de Iguala.

Cuando el padre de uno de los jóvenes asesinados le reclama su antigua relación con el ex gobernador Aguirre y el ex alcalde Abarca, el dirigente de Morena trata de esquivar ese duro cuestionamiento y se limita a mencionar a Peña Nieto y al Ejército.

Esa respuesta de López Obrador no solamente es demagógica. Además, resulta política y moralmente irresponsable. Con ella, el dirigente de Morena contribuye a la opacidad de los acontecimientos en Iguala. Al soslayar a los auténticos culpables, los beneficia. Y al insistir, porque lo dijo en varias ocasiones, en responsabilizar a autoridades federales, López Obrador aprovecha la muerte de los jóvenes de Ayotzinapa con propósitos electorales.

En ese tema, como en algunos otros, López Obrador se comporta como un embustero. Cada vez que lo cuestionan replica que es honesto. Sus dichos lo contradicen. El problema no son sus frecuentes dislates, sino la ausencia de autocrítica entre los ciudadanos que le creen de manera incondicional y se niegan a reconocer los errores y las limitaciones de ese precandidato presidencial.

Esa ausencia de talante crítico también se manifiesta en los medios de comunicación. Muchos comentaristas festejaron con alivio la segunda versión sobre el encuentro de López y Tizapa en Nueva York, en la que pareció claro que no le dijo “cállate”, sino nada más “provocador”. Pero no dijeron nada de las acusaciones sin sustento al Presidente y al Ejército.

El dirigente de Morena tenía razón al decirle “provocador” a Antonio Tizapa, que se dedica a interrumpir apariciones de personajes políticos en Nueva York. Es un reventador de reuniones a las que no acude en busca de respuestas, sino a promover sus reclamos y su agenda. El dolor por la desaparición de su hijo ayuda a comprender su exaltación. Pero al llamarlo como lo hizo López Obrador no se equivocó.

Sí disparató, en cambio, ante las aclaraciones sobre lo que realmente le dijo a Tizapa. El reportero Arturo Rodríguez García, de la revista Proceso, estudió un pequeño segmento del video de aquel encuentro, lo reprodujo con lentitud y comprobó que el precandidato dijo, en un par de ocasiones, “que te vaya bien”.

Rodríguez García no era autor de la nota en donde se informó que López había dicho “¡cállate!” ni Proceso fue el único medio que publicó esa versión. Nada obligaba a ese reportero a revisar la grabación, pero lo hizo en un afán para encontrar la verdad. El miércoles 15 al mediodía informó de su hallazgo y en su muro de Facebook comentó sobre esa confusión: “fuimos muchos los que escuchamos el ‘cállate’, lo que atribuyo a dos factores: el acento del aludido y el ruido de una sirena de fondo”. Al día siguiente, Proceso difundió una nota con la explicación de lo que realmente dijo el precandidato.

Pero independientemente de los hechos, cada quien creyó lo que quería. El antropólogo Héctor Díaz Polanco, consejero de Morena, dijo el miércoles en Twitter: “Admite reportero de ‘Proceso’ que AMLO no dijo: ‘Cállate’, sino ‘Que te vaya bien’. El ruido político, y a veces la malicia, ensordece”. Esa expresión sugería que Rodríguez había corregido un error suyo, aunque no era así. La profesora Denise Dresser prefirió desconfiar: “¿Cómo ven? Que no fue un tema de autoritarismo, sino de audio”.

El jueves 16 de marzo por la mañana el sitio Aristegui Noticias aumentó la confusión con una información falsa: “Editaron audio de AMLO; no dijo ‘cállate’ a padre, sino ‘que le vaya bien’ ”. Allí se aseguró que el video con la escena de Tizapa y López Obrador fue manipulado para que se escuchara el muy comentado “¡cállate!”. Esa nota de Aristegui Noticias está acompañada por el video supuestamente editado y el original, pero son exactamente iguales. A esa distorsión llegó el afán para exculpar a López Obrador de una frase que ni siquiera dijo.

Las versiones falsas fueron incrementadas por el mismo López Obrador, quien, lejos de agradecer el esmero de Proceso y el reportero Rodríguez García, les reprochó en Twitter la noche del jueves 16: “Se retracta el de Proceso sin dejar de editorializar. Supone que el cállate es parte de ‘el acento del aludido’. Paladines de la objetividad”.

De esa manera, Rodríguez, que no era autor de la información que mostraba a López como intolerante, fue injustamente señalado como responsable de la nota original. El comentario que el reportero hizo para explicar la confusión ante el audio fue tomado como agravio por el precandidato.

Rodríguez contestó esa misma noche: “Se ofende aspirante @lopezobador_ por rectificar tuit con opinión personal. Supone que yo escribí notas del cállate. Su tolerancia ejemplar”. Más tarde otro reportero de Proceso, Álvaro Delgado, escribió en Twitter: “Serénese, @lopezobrador_, está muy nervioso”.

En todo ese episodio destaca la desazón de López Obrador cuando un ciudadano le presenta un reclamo áspero, aunque razonable. El dirigente de Morena no está acostumbrado a que le pidan cuentas de lo que ha hecho y dicho. Para esquivar cuestionamientos es capaz de mentir y difamar. No reconoce interlocutores, sino subordinados. En efecto, todos están muy nerviosos.

 

ALACENA: La UdeG y el profesor Bernal

La semana pasada se comentó en esta columna la persecución que padeció el profesor Ramón Bernal, de la Universidad de Guadalajara, debido al video que mostraba fuera de contexto sus comentarios aparentemente misóginos durante una clase. Escribí que las autoridades de esa institución, antes de conocer la versión de Bernal, se sumaron a su descalificación.

La Coordinación de Comunicación Social de la UdeG, en carta a este diario publicada el martes 14, dijo que las opiniones de los funcionarios que declararon sobre ese asunto fueron manifestadas “al amparo de la libertad de expresión, de la cual también gozan las autoridades universitarias”. Sin embargo, cuando los reporteros buscaron a la directora de la Preparatoria 10 Angélica Alcalá y al rector Tonatiuh Bravo no fue para conocer opiniones personales, sino sus posturas institucionales.

La misma Coordinación, en un comunicado el 7 de marzo, dio por buena la versión del video que mostraba sólo un segmento de la clase del profesor Bernal, quien, según esa dependencia, “se expresó de manera denigrante y soez hacia las mujeres (y) será sometido a procedimientos administrativos”. Es decir, se anunciaron medidas contra él antes de cualquier indagación.

Como aquí se dijo, las autoridades de la Universidad de Guadalajara creyeron la versión del video editado y, acicateadas por la exigencia de los medios, se apresuraron a condenar al profesor de Preparatoria.