Luis Barragán, el arquitecto del silencio: Eduardo Vázquez Martín

“Como solía decir Luis Barrragán: ‘En los jardines y las casas diseñados por mí, siempre he procurado transmitir el plácido murmullo del silencio y en mis fuentes el silencio canta’”, compartió el Secretario de Cultura de la Ciudad de México, Eduardo Vázquez Martín, durante la charla “Los jardines de Barragán”, que se llevó a cabo este viernes 10 de marzo, en el jardín que pertenece a la fundación que lleva su nombre.

 

En la Casa Luis Barragán, inscrita en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO el 4 de julio 2004, Vázquez Martín destacó el trabajo de rescate de los jardines que emprendió el arquitecto Alberto Kalach —quien estuvo en la charla junto con el poeta Fernando Fernández—, con los que se celebra el 115 aniversario del natalicio del arquitecto mexicano.

 

“No sé si la memoria me traiciona y me hace haber olvidado ese jardín abandonado que Alberto vio con buenos ojos y pensó que había que restaurarlo. Y desde aquel entonces le he escuchado decir: ‘Yo en realidad no soy un arquitecto, sino un jardinero’, se lo he oído un par de veces y me parece una actitud notable”, expresó.

 

El también poeta habló sobre la herencia que Luis Barragán, Premio Pritzker 1980, dejó en Alberto Kalach, quien retomó el pensamiento y la responsabilidad estética y espiritual de uno de los arquitectos más influyentes de la modernidad mexicana, cuyos trabajos hablan de un silencio, con espacios donde los jardines son representativos.

 

“Es hermoso ver a través del tiempo cómo un arquitecto hereda a otro arquitecto, a un ser humano, y cómo Alberto ha reconstruido este jardín. Por ejemplo, aquí hay un trazo, una intervención que no estaba. Alberto dice que estaba señalado o incluso soñado… ese espacio es la fuente de espejo de agua que remata con el muro azul”, subrayó.

 

Durante su intervención, Vázquez Martín también recordó cuando el arquitecto Kalach abrió un despacho en el edificio diseñado por Barragán, lugar donde junto con Teodoro González de León y otras grandes personalidades de la arquitectura organizaban tertulias sobre la recuperación lacustre de la ciudad. “Encabezaban este proyecto que continúa siendo el proyecto de la ciudad futura”, agregó.

 

Con relación a la obra arquitectónica de Luis Barragán, Kalach comentó que éste se interesó por la belleza, la serenidad y la parte sensorial de la arquitectura moderna, por lo que encontró en los jardines ese ingrediente que integró a sus trabajos.

 

“El misterio y la paz que da el jardín es una parte del gran legado de Barragán a la arquitectura y esas son las cosas que pensaba mientras restaurábamos este jardín. Hace muchos años aquí tuvimos nuestra oficina y paseábamos por este jardín, así que lo conozco bien”, indicó Alberto Kalach.

 

El poeta Fernando Fernández compartió con el público, desde la poética y lingüística, algunas de las ideas que el arquitecto Juan Palomar escribió sobre su amigo: “Los arquitectos de la generación de Luis Barragán le tenían envidia o no lo entendían y se burlaban de sus jardines. A él le gustaba jugar con formas expresivas; fue el último gran barroco de México, pero refinado hasta el delirio”, destacó.

 

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